Amor inteligente
Este año he experimentado una gran metamorfosis, que me lleva a replantearme el nombre de este blog. Me gusta tener este rinconcito en el que compartir con el mundo mi forma de sentir la vida. Cosas de Aida, el nombre que le puse al blog porque no sabía muy bien por dónde iría, se convierte en Siempre aprendiendo, aprendiendo de la vida.
Es curioso cómo las personas tratamos a los seres que nos importan, los que realmente nos importan. Y mucho más cómo lo justificamos, siempre. El abandono y la sobreprotección son dos formas de desamor, dos formas de tratar a esos seres o a esas personas que tanto nos importan. que únicamente podemos practicar cuando no sabemos amar, no de forma inteligente.
Los dos pueden ocurrir de forma explícita o sutilmente, pero sea como sea, cuando te toca, jode que te cagas duele mucho. Que cuando te abandonan o te sobreprotegen duela, es más evidente. Pero no tanto el que abandonar o sobreproteger a alguien también duela. (Y más aún cuando ocurre sutilmente.) Y es que es curioso, porque siempre que abandonamos o sobreprotegemos, nos lo hacemos también a nosotros mismos. Y el abandono o la sobreprotección a uno mismo es peor aún que el que te puedan hacer los demás a ti, es el desamor con uno mismo, y generalmente ni siquiera eres consciente del daño que te estás haciendo.
Es muy evidente que dejar a tu perro en la calle por vacaciones es abandonarlo. Pero, ¿y dejar a tu hija con tu madre porque “estará mejor con ella”? Cuando dejas que tu madre se ocupe de criar a tu hija, siempre sentirás que la has abandonando. Por mucho que te digas a ti misma que “así tu hija estaba mejor”, y por mucho que esto sea una gran verdad. El abandono que se hace una madre a si misma cuando abandona a su hija es demasiado grande. Abandonar el instinto maternal, es abandonar parte de tu ser, redefinirte desde lo más profundo, amputando algo que te da la vida, y ese daño nunca podrás justificártelo a ti mismo, por más que lo intentes.
Quien abandona o sobreprotege tiene siempre un “buen” motivo para hacerlo. El que abandona el cuidado de su cuerpo se dice a si mismo que no se cuida porque no lo necesita, que da igual cuidarse o no, porque eso son chorradas; que me quiten lo bailao después del platazo que me voy a meter entre pecho y espalda… Por otra parte, el que sobreprotege su propio cuerpo, a pesar de que esté ya delagado, estreñido y con hemorroides seguirá comiendo poca cantidad de comida y diciéndose a sí mismo que come poco “para cuidarse”. El que pesa 140 y el que está obsesionado con la dieta tienen el mismo problema: el desamor con uno mismo.
El desamor generalmente no viene nunca solo, es como si este comportamiento fuera un fractal, no es tan sencillo como parece. Quien es sobreprogegido puede que se sobreproteja a si mismo obsesionándose con la dieta. Quien es abandonado por su madre puede que se abandone a si mismo, descuidando su propio cuerpo, o que abandone a su pareja. Es curioso como tratamos de no repetir las faltas de nuestros padres, y a veces acabamos haciendo lo mismo de otra forma, o nos vamos al otro extremo de la falta, del desamor por abandono al desamor por sobreprotección, continuando así el fractal que quisimos parar en nosotros. Y es que es difícil detener las inercias. Hace falta ser consciente de ellas y de su complejidad, hace falta querer, tener mucha fuerza de voluntad para vencer la inercia que se ha creado en ti, y aún así puedes fallar en el intento, porque eres humano. Tan humano como tus padres o tu pareja.
¿Y cómo se abandona a la pareja? Cuando se hace de forma sutil puede ser incluso transparente. El querer a alguien y saber que esa persona te quiere a ti, el que nunca hayan habido malos tratos, el que cada uno tenga su espacio, el que os respetéis y reconozcáis, el que habléis de vuestras preocupaciones, el que compartáis el hogar, el ir al cine y a cenar juntos no garantiza el que la pareja funcione bien. Hace falta complicidad, diversión, jugar, hace falta reirse juntos, dejarse llevar, hace falta compartir emociones, sentirse vivos juntos, hace falta tener proyectos, hace falta equivocarse juntos, atreverse juntos, resolver problemas juntos, no tener miedo a la vida juntos… Si os emocionáis más con vuestro trabajo que con vuestra relación, si os queréis pero no os embelesáis, si tenéis vuestro espacio-tiempo personal pero no cultiváis el común, si compartís las tareas del hogar pero no os entran risotadas cuando estáis juntos, si váis al cine pero no os emocionáis juntos, si salís a cenar pero cada uno saca su móvil o su libro para entretenerse la mayor parte del tiempo… es que os habéis abandonado.
Es fácil imaginar cómo se sobreprotege a una pareja, asfixiándola, impidiendo que el otro se desarrolle como persona, que tenga su propio espacio-tiempo, que se divierta con otros y aprenda de otros, porque es un problema del que se habla más. Se ve en literatura, en la música y en el cine. El problema del ansioso está mucho más tratado. El del evasivo, no tanto. Y es que un problema de celos es fácil de detectar, un abandono no tanto. Ni siquiera quienes lo experimentan lo detectan a tiempo. Un abandono evidente es fácil de reconocer. El abandono del perro, del hijo, del cuerpo de uno mismo, saltan a la vista. Pero los abandonos y la sobreprotección no son cosas que uno quiera reconocer, por eso no es fácil detectarlos a tiempo.
Por suerte, si has sido abandonado o sobreprotegido, tu cuerpo y tu mente te piden lo que necesitas. Los que han sido abandonados buscan el amor que no les han dado sus seres queridos en otras personas. Quien fue abandonado por sus padres buscará el amor que no le dieron en su casa entre sus amistades, en otros familiares, en su pareja o en la familia de su pareja. Quien es abandonado por su pareja, con un poco de suerte acabará encontrando otra persona que le dé el amor que necesita y se dejará querer por ella.