En esta sociedad, ser auténtica tiene un precio. De esto no me cabe duda.
Esta mañana he acudido a un centro de enseñanza de caracter católico. Está a diez minutos andando de mi casa. Me llamaron para cubrir una posible baja (no me la confirmarán hasta el día 7 de enero), para contar con alguien, por si la profesora en cuestión pidiera una excedencia. Así que quedaron conmigo para darme el material, para que fuera mirándome lo que tengo que explicar.
Al acudir a la cita, me dice la hermana que había hablado conmigo, que no tienen el material y me pide que vuelva mañana. “Por supuesto, no hay problema.” Yo esperaba que me dijeran al menos qué cursos iba a tener que cubrir, y me dieran algún tipo de documento en el que se especificara el funcionamiento del centro. Por eso, le pregunto: “Y en cuanto a las normas del centro…” Y ella me responde: “Bueno, esto es un centro de carácter católico, esperamos que todos nuestros profesores sean practicantes. En caso de que no lo seas, tampoco pasaría nada. Hay gente que no es cristiana, pero que respeta que otros sean católicos.” Y yo asiento. Ella espera que yo le conteste, y yo no quiero ser hipócrita: “me encuentro en este último caso: no soy cristiana, pero tampoco es mi objetivo el que mis alumnos conozcan mis creencias, ni hacerles pensar como yo. Personalmente, respeto todas las creencias, sea la católica o sean otras. En mi familia, mi hermana es cristiana, y mis abuelos, con los que me crié, son católicos. Estudié en un colegio católico, y su ideología la conozco de cerca, pero no la comparto. Yo lo único que pretendo es ser profesora de física y química.” A lo que responde: “Bueno, como es para una sustitución, creo que tampoco pasa nada. Entiendo que en física y química tampoco tienes porqué hablar de Dios, y si saliera el tema… espero que al menos respetes la doctrina cristiana.”
En esta conversación, la hermana le daba a la palabra “respeto” un significado que me inquietaba. Que quede claro que yo no pretendo convencer a nadie de que Dios existe o no existe. No quiero ser profesora para esto. No quiero ser predicadora de ninguna ideología, religiosa o anti-religiosa. Pero si alguien me pregunta si yo creo en Dios o no, no creo que deba mentir al respecto, tampoco. “Respetar” no es asentir porque sí, ni mentir. ¿O sí? Veamos lo que dice el Diccionario de la Real Academia Española:
“respeto: (Del lat. respectus, atención, consideración).
1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.
2. m. Miramiento, consideración, deferencia.
3. m. Cosa que se tiene de prevención o repuesto. Coche de respeto.
4. m. miedo (‖ recelo).
5. m. ant. respecto.
6. m. germ. espada (‖ arma blanca).
7. m. germ. Persona que tiene relaciones amorosas con otra.
8. m. pl. Manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía.”
Vaya, pues si me quedo con la última definición… “acatar por cortesía”… ¿es esto decir que sí, aunque pienses que no?, ¿me estaba pidiendo que mintiera? Bueno, quiero creer que no, porque uno de sus mandamientos es “No mentirás”, así que no creo que me estuviera pidiendo que lo incumpliera.
Por desgracia, lo que sí me ha transmitido es que no les importa que sea muy buena profesora, que mis alumnos aprendan o me aprecien: lo que les importa para que alguien sea una profesora del centro, para que el centro en un futuro volviera a contar conmigo o para hacerme fija, lo importante sería que yo fuera católica (o al menos que dijera serlo). ¿Esto no se llama discriminación por motivos de religión? Veamos…
Constitución Española: Capítulo Segundo: Derechos y libertades.
Artículo 14
Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Y sigo leyendo:
Artículo 16
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
Mierda, podía haberle dicho esto: “Me acato al derecho que regula el artículo 16 del capítulo segundo de la Constutición Española”. Hubiera sido subrealista, no me lo podéis negar, pero gracioso al menos.
Cuando sacó el tema, me temí su reacción (como diría mi Xurxo, “me ha hecho la cobra”)… lo esperaba, porque estoy acostumbrada a la poca tolerancia de quienes practican la fé cristiana, gracias a mi abuelo. (A quien adoro, por cierto. No es nada tolerante, pero sí encantador y para mi un padre.) Y también, porque tengo una amiga que trabaja en un centro concertado católico, y es obligada a asistir a las misas. Ella me comentó que pasa por ahí porque le gusta su trabajo, lo necesita, y que lo ve como algo que tiene que aguantar. Me dijo: “yo voy pero desconecto y me pongo a pensar en mis cosas”. Bueno, desde luego esta es una opción, pero no deja de ser una mentira.
Volviendo para casa desde el colegio, he parado en “La Bona Cuina”, un comercio que hay en el mercado, cerca de mi casa. En él trabaja Paqui, una cocinera encantadora que muchos días me vende la comida, y con quien me gusta conversar. Le he comentado la fustración que me atormentaba (el poder perder un trabajo por ser sincera a cerca de mi ideología) y ella, por si no fuera poco, va y me dice: “Haberles dicho que eras católica pero no practicante. Ellos con su comportamiento se merecen que les mientan”. Yo no estoy de acuerdo con ella. Pero lo que me queda claro es que ser espabilado incluye mentir de vez en cuando.
Sin embargo, parece que me empeño en no ser espabilada. Pienso que con esta opción, al mentir para conseguir el trabajo, al final le estamos dando la razón a quienes obligan a otros a ser de una doctrina religiosa u otra, y esto va en contra de los derechos que tenemos. Es la opción de renunciar al derecho de ser quienes somos, y de contribuir a que otros en la misma situación también lo hagan.
Mi amiga me decía: “Si todo el mundo lo hace. Entonces ¿yo qué voy a hacer? ¿perder mi trabajo? Por esto: no. Para mi no es tan importante”. Pues para mi sí es importante. Me duele que alguien pierda sus derechos, y no quiero contribuir. Además, detesto la mentira. Con qué argumentos voy a pendirle a mis alumnos que no me mientan, si yo soy la primera que lo hago. Por todo esto, a pesar de estar renunciando a un posible trabajo que adoro, ¡¡a diez minutos de mi casa andando!! (por el amor de…) me veo obligada a ser sincera. Bueno, quizá lo mío sea una patología, pero de veras que en esta situación, es la única manera de sentirme bien conmigo misma.
No sé si me siento bien ahora mismo, más bien: triste, desamparada, discriminada, impotente… pero creo que a la larga me sentiré bien. Ahora me queda seguir luchando por ganar plaza en un centro público, esperar a que me llamen de la bolsa, y para animarme puedo leer las palabras de Ana, una alumna que me escribió esto (dentro de un email algo más largo):
…
A mi también me gustaría que siguieramos en contacto, me ha hecho muchísima ilusión conocerte la verdad, a parte de enseñarme matemáticas, historia, fisica y quimica, C.M.C… me has enseñado lo más importante que es a ser mejor persona. Día a día me animabas a estudiar y a seguir hacia delante, y la verdad es que me ha servido de mucho, soy una persona que se rinde enseguida y tú me has ayudado a hacerme dar cuenta de que las cosas no son así.
Espero que te vaya todo super bien que te lo mereces, porque sinceramente personas como tú he conocido muy pocas por no decir ninguna. No cambies nunca!
Te deseo lo mejor, y espero que algún día nos veamos aunque sea para ir a tomarnos algo :)
…
-
A tecnoloxia le gusta esto
-
A xurxosanz le gusta esto
-
aidaivars ha publicado esto