Por definición, la medicina alternativa o no se ha demostrado que funciona o se ha demostrado que no funciona. ¿Sabes cómo se llama la medicina alternativa que se ha demostrado que funciona?…
Medicina
— Tim Minchin - Storm (via kalprestito)
Dos ratoncitos cayeron en un cubo de nata; el primer ratón enseguida se rindió y se ahogó, el segundo ratón decidió pelear, y se esforzó tanto que finalmente transformó la nata en mantequilla y consiguió escapar.
Ayer volví a ver la estupenda peli Atrápame si puedes que protagonizan Tom Hanks y Leonardo DiCaprio. Me volvió a emocionar el respeto y cariño con el que se tratan estos dos personajes, a pesar de las situaciones en las que se encuentran. Pero lo que más me sorprendió fue redescubrir esa frase de la película, porque la tengo muy presente en mi vida.
Hace un par de semanas, hablando con mi hermana Conchi de todo lo que me está pasando y estoy sintiendo con la separación, ella me recordó esta misma parábola. Y poco antes de eso, Tomás me contó una parábola muy parecida a esta otra de las dos ranas.
Cada vez que nos enfrentamos a un problema o a una situación difícil decidimos qué ratoncito o qué ranita queremos ser. En ocasiones se trata de conquistar a la persona que amas, o de resolver un problema de física. Cada cosa que hacemos afecta a nuestro ambiente y a nosotros mismos, del mismo modo que lo que ocurre a nuestro alrededor nos afecta. En ocasiones la cuestión está en el equilibrio y nosotros podemos afectar a ese equilibrio más de lo que somos conscientes.

Para poder alcanzar metas que parecen inalcanzables a nuestros ojos, debemos actuar como si no existieran impedimentos, y confiar en que nuestros actos tendrán en el ambiente y en nosotros mismos la repercusión que necesitamos, a veces de una forma inesperada, para conseguir nuestras metas.
Algunas personas sienten que cuando viven en su mente la experiencia deseada, imaginando una experiencia difícil de conseguir, hacen que les resulte más fácil alcanzarla, “la proyectan”. Y es así. Incluso cuando las personas imaginan una situación mala para ellos: si imaginan que su pareja les dejará o si imaginan que suspenderán el examen de conducir.

Por desgracia, funciona en ambos sentidos. Si imaginas que tu pareja te va a dejar harás lo que te conduzca a ello, y si imaginas que suspenderás te pondrás nervioso y esos nervios te llevarán a cometer alguna infracción. Las ideas son muy poderosas.
Cuando era una cría caminaba de vez en cuando por los rompeolas de las playas. Recuerdo que me di cuenta de que cuanto más miraba hacia abajo, cuanto más me fijaba en la separación que había entre aquellas piedras, más me caía. Y es que cuando estás caminando sobre una cuerda, lo mejor que puedes hacer es mirar hacia adelante, e imaginar que llegas al otro extremo, triunfante. Centrarte en tu equilibrio, y no pensar nunca en las probabilidades y posibilidades de caída que tienes, porque si lo haces, estás dándole una oportunidad a la caída y no a la superación: estás influyendo en el equilibrio en el sentido que no te conviene, y te caes.
Por eso es importante rodearse de gente optimista, y más aún: ser una persona optimista. Yo tengo la suerte de que me haya criado mi abuela, la persona más optimista que conozco, cuenca hidrográfica de mi felicidad.
Todos decidimos qué eslogan es el que mueve nuestra vida, y con ello, la vida que queremos tener.


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¿Quieres adelgazar?, ¿te sientes gorda?, ¿necesitas perder peso?… ¿Quieres estar más delgada aún y tener una línea de modelo? Pues lo primero que tienes que hacer es buscar ayuda; pero una ayuda de verdad. No te fíes de la primera información que te llegue ni de la primera persona que te hable de cómo hacerlo. Procura siempre contrastar la información que te llega, a ser posible mediante alguien de tu familia o una profesora tuya; si no es así, es posible que te engañen siendo el precio a pagar excesivamente alto: una enfermedad crónica o tu vida.
Para entender qué te pasa, mira este vídeo sobre la belleza. Después de verlo, entenderás porqué te sientes así.
Cuando ves estos vídeos o lees estas palabras crees que es imposible: eso no te va a pasar a ti. O peor aún, tienes una amiga que también vomita, y ni se te pasa por la cabeza que también ella está en peligro. Yo tuve una amiga que era como una hermana para mi, Gema. Con ella crecí, pero nos dejó el 09/03/2005. Le quiero mucho y me acuerdo mucho de ella. Escribí sobre ella en el periódico de la facultad, ya que falleció cuando todavía yo no había acabado la carrera. Nos ocultaba su problema a todos, y su madre estaba preocupada porque de vez en cuando la pillaba vomitando. Ella nos decía que nunca llegaría a estar tan delgada como las chicas de los anuncios, que pararía antes de estar tan delgada. Y lo peor de todo es que tuvo razón: a ella no le llegó a pasar eso, porque su corazón no era tan fuerte como el de las chicas de los anuncios. Se le paró el corazón, y su hermano la encontró muerta en el sofá. Si tienes un problema y no quieres solucionarlo, los demás no pueden solucionarlo por ti. Es duro, es difícil, y sólo lo puedes solucionar tú: pide ayuda a cualquiera de estas organizaciones:
La belleza no es una cualidad intrínseca de las cosas, sino una capacidad de sentir, que está en quien mira. Cuando te sientas mal, piensa qué le dirías a tu mejor amiga si se sintiera como tú. Sé tu mejor amigo, sé valiente, aprende a quererte. Y si tienes un problema con la comida, no te esperes a que sea demasiado tarde: busca ayuda. Te dejo con una canción de Chenoa.
Nota: Escribir este post es en respuesta a una iniciativa que pretende posicionar en Google entradas relacionadas con la pérdida de peso y su relación con la anorexia, para que cuando una joven busque información sobre cómo perder peso, llegue a alguna entrada como la que acabo de escribir. Aunque no hayas conocido a nadie con anorexia, sólo necesitas tener un blog para poder ayudar: únete a la campaña “bloggers contra la anorexia”. Visto a Aníbal de la Torre
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En http://libroeconomia.com/ he encontrado un cómic sobre economía, titulado “Economía en 1/2 hora”. Su objetivo es descrir de una forma amena y clara los principios que rigen la ciencia económica, y está basado en el currículo oficial de la asignatura de Economía de Bachillerato, ¿No es genial? Espero que muchos profesores de economía lo conozcan y lo recomienden. (Puede comprarse en formato papel por sólo 10 euros, o en formato pdf por 3 euros.)

xurxosanz preguntó: ¿Dónde iremos en nuestras próximas vacaciones?
A la nieve :)
Nunca pensé que llegaría a decir esto: he dejado mi primer trabajo como profesora en un IES.
He conocido a unos chavales estupendos. Pero he tenido que trabajar con ellos de un modo que no me gusta, he aprendido lo que no quiero volver a hacer nunca más y lo que todavía hoy en España se sigue haciendo: trabajar por contenidos.
He trabajado en un centro que prohíbe a los profesores beber agua en sus clases, “porque los alumnos tampoco pueden beber ni comer”, con tal de no tener que dar explicaciones a padres y a alumnos, y la jefa de estudios lo defendía como si fuera justo. Como si un docente al que le duele la garganta no tuviera el derecho de beber agua en el aula. Y también he conocido a profesores muy majos que se pasaban ciertas normas por el forro con tal de poder hacer su trabajo.
He intentado acatar sus normas, y seguir sus indicaciones, pero no lo he podido hacer con agrado.
No, no me gusta tener una planificación de contenidos: prefiero una programación de objetivos.
No, no me gusta evaluar a alumnos de secundaria sólo por el examen. Quiero evaluar PROCEDIMIENTOS Y ACTITUDES, quiero evaluar libretas, quiero evaluar el trabajo diario, quiero que el que trabaje lo tenga más fácil para aprobar, quiero que sienta valorado su esfuerzo… y quiero motivar a mis alumnos.
No, no quiero tener que hacer lo que haga otro profesor, quien por cierto no quiere hacer actividades divertidas para los alumnos porque no le gusta tener que trabajar de más.
Los alumnos tienen derecho a saber cómo funciona el centro.
No, no me gusta que la jefa de estudios me diga cómo debo tratar a mis alumnos, que no debo darles tanta confianza. La confianza que puedo darles o dejarles de dar es cosa mía. Esto ya ha sido el colmo.
Los alumnos tienen derecho a que sus profesores se preocupen por la enseñanza; a que los profesores no avancen temario sin cumplir objetivos (¡¡y a que existan dichos objetivos!!); a que los profesores busquen la mejor manera de enseñarles; a que los profesores les motiven; a que los profesores les den confianza para preguntar cualquier cosa que les inquiete.
Los profesores tenemos derecho a cuidar nuestra voz durante las clases (es nuestra herramienta de trabajo, y más aún en este centro donde -muy a mi pesar- el docente es el protagonista); a pensar en qué manera queremos dar nuestras clases; a decidir el modo de tratar a los alumnos y el grado de confianza que depositamos en ellos. Me podían quitar el cuidado de mi voz y la elección de las actividades que llevara a cabo en mis clases, pero no esto último: qué digo y cómo lo digo a mis alumnos, esto sí que es cosa mía. Ha sido la gota que ha colmado el vaso: para ser como ellos quieren que sea, no me merece la pena ser docente.
¡¡Qué ganas tengo de que me llamen de la pública!! Allí encontraré otros obstáculos, otras carencias, otros chavales, otros compañeros, otros ambientes… lo que es seguro es que, por ley, los profesores deciden qué hacer y cómo hacer en sus clases: por esta responsabilidad se nos paga. Puntuaré los procedimientos y las actitudes, valoraré el trabajo diario de mis alumnos, y nadie me dirá que no le de tanta confianza a mis alumnos.
En esta sociedad, ser auténtica tiene un precio. De esto no me cabe duda.
Esta mañana he acudido a un centro de enseñanza de caracter católico. Está a diez minutos andando de mi casa. Me llamaron para cubrir una posible baja (no me la confirmarán hasta el día 7 de enero), para contar con alguien, por si la profesora en cuestión pidiera una excedencia. Así que quedaron conmigo para darme el material, para que fuera mirándome lo que tengo que explicar.
Al acudir a la cita, me dice la hermana que había hablado conmigo, que no tienen el material y me pide que vuelva mañana. “Por supuesto, no hay problema.” Yo esperaba que me dijeran al menos qué cursos iba a tener que cubrir, y me dieran algún tipo de documento en el que se especificara el funcionamiento del centro. Por eso, le pregunto: “Y en cuanto a las normas del centro…” Y ella me responde: “Bueno, esto es un centro de carácter católico, esperamos que todos nuestros profesores sean practicantes. En caso de que no lo seas, tampoco pasaría nada. Hay gente que no es cristiana, pero que respeta que otros sean católicos.” Y yo asiento. Ella espera que yo le conteste, y yo no quiero ser hipócrita: “me encuentro en este último caso: no soy cristiana, pero tampoco es mi objetivo el que mis alumnos conozcan mis creencias, ni hacerles pensar como yo. Personalmente, respeto todas las creencias, sea la católica o sean otras. En mi familia, mi hermana es cristiana, y mis abuelos, con los que me crié, son católicos. Estudié en un colegio católico, y su ideología la conozco de cerca, pero no la comparto. Yo lo único que pretendo es ser profesora de física y química.” A lo que responde: “Bueno, como es para una sustitución, creo que tampoco pasa nada. Entiendo que en física y química tampoco tienes porqué hablar de Dios, y si saliera el tema… espero que al menos respetes la doctrina cristiana.”
En esta conversación, la hermana le daba a la palabra “respeto” un significado que me inquietaba. Que quede claro que yo no pretendo convencer a nadie de que Dios existe o no existe. No quiero ser profesora para esto. No quiero ser predicadora de ninguna ideología, religiosa o anti-religiosa. Pero si alguien me pregunta si yo creo en Dios o no, no creo que deba mentir al respecto, tampoco. “Respetar” no es asentir porque sí, ni mentir. ¿O sí? Veamos lo que dice el Diccionario de la Real Academia Española:
“respeto: (Del lat. respectus, atención, consideración).
1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.
2. m. Miramiento, consideración, deferencia.
3. m. Cosa que se tiene de prevención o repuesto. Coche de respeto.
4. m. miedo (‖ recelo).
5. m. ant. respecto.
6. m. germ. espada (‖ arma blanca).
7. m. germ. Persona que tiene relaciones amorosas con otra.
8. m. pl. Manifestaciones de acatamiento que se hacen por cortesía.”
Vaya, pues si me quedo con la última definición… “acatar por cortesía”… ¿es esto decir que sí, aunque pienses que no?, ¿me estaba pidiendo que mintiera? Bueno, quiero creer que no, porque uno de sus mandamientos es “No mentirás”, así que no creo que me estuviera pidiendo que lo incumpliera.
Por desgracia, lo que sí me ha transmitido es que no les importa que sea muy buena profesora, que mis alumnos aprendan o me aprecien: lo que les importa para que alguien sea una profesora del centro, para que el centro en un futuro volviera a contar conmigo o para hacerme fija, lo importante sería que yo fuera católica (o al menos que dijera serlo). ¿Esto no se llama discriminación por motivos de religión? Veamos…
Constitución Española: Capítulo Segundo: Derechos y libertades.
Artículo 14
Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
Y sigo leyendo:
Artículo 16
1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
Mierda, podía haberle dicho esto: “Me acato al derecho que regula el artículo 16 del capítulo segundo de la Constutición Española”. Hubiera sido subrealista, no me lo podéis negar, pero gracioso al menos.
Cuando sacó el tema, me temí su reacción (como diría mi Xurxo, “me ha hecho la cobra”)… lo esperaba, porque estoy acostumbrada a la poca tolerancia de quienes practican la fé cristiana, gracias a mi abuelo. (A quien adoro, por cierto. No es nada tolerante, pero sí encantador y para mi un padre.) Y también, porque tengo una amiga que trabaja en un centro concertado católico, y es obligada a asistir a las misas. Ella me comentó que pasa por ahí porque le gusta su trabajo, lo necesita, y que lo ve como algo que tiene que aguantar. Me dijo: “yo voy pero desconecto y me pongo a pensar en mis cosas”. Bueno, desde luego esta es una opción, pero no deja de ser una mentira.
Volviendo para casa desde el colegio, he parado en “La Bona Cuina”, un comercio que hay en el mercado, cerca de mi casa. En él trabaja Paqui, una cocinera encantadora que muchos días me vende la comida, y con quien me gusta conversar. Le he comentado la fustración que me atormentaba (el poder perder un trabajo por ser sincera a cerca de mi ideología) y ella, por si no fuera poco, va y me dice: “Haberles dicho que eras católica pero no practicante. Ellos con su comportamiento se merecen que les mientan”. Yo no estoy de acuerdo con ella. Pero lo que me queda claro es que ser espabilado incluye mentir de vez en cuando.
Sin embargo, parece que me empeño en no ser espabilada. Pienso que con esta opción, al mentir para conseguir el trabajo, al final le estamos dando la razón a quienes obligan a otros a ser de una doctrina religiosa u otra, y esto va en contra de los derechos que tenemos. Es la opción de renunciar al derecho de ser quienes somos, y de contribuir a que otros en la misma situación también lo hagan.
Mi amiga me decía: “Si todo el mundo lo hace. Entonces ¿yo qué voy a hacer? ¿perder mi trabajo? Por esto: no. Para mi no es tan importante”. Pues para mi sí es importante. Me duele que alguien pierda sus derechos, y no quiero contribuir. Además, detesto la mentira. Con qué argumentos voy a pendirle a mis alumnos que no me mientan, si yo soy la primera que lo hago. Por todo esto, a pesar de estar renunciando a un posible trabajo que adoro, ¡¡a diez minutos de mi casa andando!! (por el amor de…) me veo obligada a ser sincera. Bueno, quizá lo mío sea una patología, pero de veras que en esta situación, es la única manera de sentirme bien conmigo misma.
No sé si me siento bien ahora mismo, más bien: triste, desamparada, discriminada, impotente… pero creo que a la larga me sentiré bien. Ahora me queda seguir luchando por ganar plaza en un centro público, esperar a que me llamen de la bolsa, y para animarme puedo leer las palabras de Ana, una alumna que me escribió esto (dentro de un email algo más largo):
…
A mi también me gustaría que siguieramos en contacto, me ha hecho muchísima ilusión conocerte la verdad, a parte de enseñarme matemáticas, historia, fisica y quimica, C.M.C… me has enseñado lo más importante que es a ser mejor persona. Día a día me animabas a estudiar y a seguir hacia delante, y la verdad es que me ha servido de mucho, soy una persona que se rinde enseguida y tú me has ayudado a hacerme dar cuenta de que las cosas no son así.
Espero que te vaya todo super bien que te lo mereces, porque sinceramente personas como tú he conocido muy pocas por no decir ninguna. No cambies nunca!
Te deseo lo mejor, y espero que algún día nos veamos aunque sea para ir a tomarnos algo :)
…

¡Qué divertido es casarse! Sabía que todos nos lo íbamos a pasar bien, pero no sabía yo que me lo iba a pasar taaan bien. No sé por dónde empezar. La emoción de ver a mis tías de Benissa hablando y riéndose con mi tía Encarna y con mis tíos… descubrir que todos habían preparado algo: una traca, una felicitación hecha a mano de mi tía Pili y de mi prima Paula, un rap genial de mi tía Encarna que todos cantaron; y mientras repartían entre todos la letra de la canción, mis primas nos cantaron, bailaron y contaron chistes para distraernos :) ¡qué bonicas que están! Los amigos nos hicieron un puzle con sus fotos, que teníamos que hacer para poder averiguar la combinación que abría un candado que guardaba ¡un dineral!. El dinero es genial, pero ¡¡cómo me gustó el puzle!! La cantidad inmensa de regalos y dinero que nos dieron todos, y… todos felices de ver que a Jorge y a mi nos va tan bien, y que ¡ya somos familia! Qué cantidad de emociones positivas todas juntas.
La verdad es que no me he puesto nerviosa en ningún momento por la boda, porque sabía que todo iba a ir bien: el restaurante es conocido, y todos sabían que iba a ser una celebración sencilla. Pero sí sabía que me iba a emocionar mucho. Acabé muy cansada, y es que como dice mi amiga Silvia, las emociones cansan mucho.
Sin embargo, entiendo que la gente sea reacia a casarse: porque están agusto como están y para no complicar las cosas; por haber vivido separaciones dolorosas de sus padres y tener algunos temores; o por otros tantos motivos familiares, económicos… o que sea reacia a celebrar su boda. Yo, de hecho, pensé durante muchos años que no me casaría al no ser que quisiera tener un hijo. Y ahora resulta que me caso sin que éste sea el único motivo. Para mi el matrimonio no es lo que mantiene unidas a las parejas, de alguna manera es un “contrato” que puede escindirse, y también una “confirmación” y de alguna manera una “legalización” de nuestra situación. Sin embargo, la felicidad que da el celebrar con los tuyos algo tan personal como es el amor que sientes por tu pareja, es una experiencia que me alegro de haber vivido. ¡¡Gracias a todos los que vinisteis por hacerme pasar un día tan feliz y tan especial!!
Algunos no pudieron venir, como: Miguel, el tío de Jorge, que tiene problemas de salud, y su mujer que se quedó cuidándole; mi primo Carles que se puso con fiebre la noche anterior y su padre; y mi iaia que está mayor para hacer un viaje y vive en Benissa. Por eso fuimos a verla un par de semanas antes, y le enseñé el traje que llevaría en la boda.

Me acordé, también, de mi iaio
y de mi amiga Gema
, que ya no están. Con ellos he crecido y me hubiera gustado seguir haciéndolo. A los dos los quería muchísimo, cada uno fue muy importante para mi durante mi infancia y mi adolescencia, y hubiera sido bonito haber podido compartir ese día con ellos. De todos modos, compartí muchos buenos momentos con ellos y me quedo con todos, que son muchos.
La ausencia más grande fue la de Gaspar, creo que todos pensamos en él, aunque no lo nombramos para no romper la felicidad del momento. Además, a él no le hubiera gustado que todos nos pusiéramos tristes recordándole. Él era la alegría de la casa, un tío guasón y cariñoso, que trataba de reirse de todo y con todos. No hace mucho hablé con él de mi padre y me puse a llorar. Y él me dijo que no merecía la pena llorar, que era mejor no pensar en cosas tristes y disfrutar de cada momento de la vida. Así que hicimos caso de lo que Gaspar hubiera dicho. Te queremos mucho Gaspar, y te llevamos en el corazón.
